No sé si tu lo sientes, pero yo si... aun tengo el amargo sabor del arrepentimiento en mis labios. Si, me arrepiento de haber soñado con tantas cosas que jamás serían mientras nuestras conversaciones no parecían tener final, ese tiempo en el que yo era feliz y pensaba que tú también lo eras, ese tiempo en el que tú eras mi punto de equilibrio, ese tiempo en el que eras mi todo y al parecer yo era tu nada.
Que equivocada estaba al pensar que en la definición de perfección se encontraba tu nombre. Nadie es perfecto pero yo cometí el error de pensar que tú si lo eras, que esa persona que en algún momento creí conocer era la indicada... alguien incapaz de hacerme daño. Todos nos equivocamos y yo estoy lejos de ser la excepción a esa regla.
Es impresionante como pasaste de ser mi prioridad a ser un mal sueño que me despierta a media noche, una pagina que leí por gusto un millón de veces y el día de hoy deseo arrancar. Pero es difícil, deshacerse de lo material no es suficiente para borrar por completo lo que el cerebro almacena y el corazón no olvida. Siempre queda el recuerdo, el dolor, las promesas rotas y los fragmentos de un corazón que ya no sabe en donde buscar la fé.
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