Soy una persona solitaria, no lo niego. Incluso puedo decir que la mayoría del tiempo disfruto el hecho de serlo y, en el fondo, creo que eso no tiene nada de malo. Soy sincera cuando digo que, con el paso de las horas, las personas me agotan, se vuelven ruido y eso no me agrada en lo absoluto. Lo único que me provoca en momentos así es alejarme para poder encontrar la paz que necesito para pensar con tranquilidad. Me gusta mucho hacer del silencio mi nido. No me culpes, es el hogar perfecto; puedes darle la forma que quieras, llenarlo de ideas, sueños y reflexiones. Puedes navegar en él por horas, colmarlo de historias (ya sabes, de esas que viven en los libros o las que crea tu mente cuando fantaseas con un mundo distinto) y acurrucarte en su interior hasta quedarte dormido.
¿Qué opinas tú del silencio? ¿Te gusta? Te creería loco si la respuesta es negativa. Me pregunto si persigues los silencios cómodos como yo y si eres bueno cuando se trata de compartirlos. Ahora que lo pienso, no recuerdo la última vez que compartí uno con alguien. Y no me refiero a compartir una habitación con otra persona sin hacer ruido, mientras cada uno está ocupándose de lo suyo, ignorando la presencia del otro. No se trata de eso... para nada. Hablo de estar con alguien en silencio, pero sabiendo que existe una conexión entre los dos. Es estar ahí, sosteniendo la calma del otro. Es saber que ambos están pensando en lo mismo porque se encuentran en la misma página, el mismo párrafo, la misma línea y la misma palabra. Es disfrutar el roce del viento, mirar los colores del cielo, las nubes, las estrellas, el mar, la gente que pasa, los carros que corren y los perros que juegan cuando los sacan a pasear. Eso es compartir un silencio cómodo: apreciar en compañía cómo se mueven los engranajes que hacen funcionar el universo. Suena bonito, ¿verdad? Creo que el mundo sería un lugar mejor si las personas se conectaran con más frecuencia de esa manera.
Francamente, me pregunto qué opinas sobre el tema, pero las condiciones no han cambiado. Cartas sin respuesta, ¿recuerdas? Porque soy la loca que le escribe a la nada, al destinatario ausente. Entonces, ¿para qué hago esto? Supongo que a veces necesito hablar de estas cosas con alguien, aunque ese alguien no sepa que le estoy hablando. Bueno, siempre lo has dicho: la fantasía es lo mío. En fin, te dejo de nuevo. Disfruta el silencio, esta vez invito yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario