Cuando las razones para amar se van, ya nada importa. Las estrellas y la luna dejan de ser motivos de inspiración, solo queda la brisa helada de la noche que me hacen extrañar la seguridad de mis sabanas y el consuelo de mi almohada. El dolor, la única prueba de que todo lo que ocurrió fue real al igual que mis sentimientos. Eso es lo malo de querer con tanta intensidad, hacerlo en el momento equivocado puede destruir tus ganas de seguir creyendo en los demás y hasta en ti mismo.
La confianza tan frágil, que difícil es verla caer de las manos en las que pensaste estaría segura... que duro es derrumbarse mientras todos los pedazos que alguna vez formaron parte de mi ser se esparcen en la oscuridad hasta perderse quizás para siempre... las sombras no son un buen lugar para ocultar el alma.
Dudo de las cosas que creía saber y sentir, ya no sé si el concepto que tenía del amor eran solo cuentos que debieron quedarse bien enterrados en mi infancia.
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