Puede que tu cuerpo haya regresado sano y salvo de la guerra, pero jamás volverás a ser el hombre que eras antes de que se desatara el infierno. Mientras tú haces lo posible por acoplarte a tu vieja rutina, el hombre que fuiste sigue combatiendo y presenciando una y otra vez los horrores vividos en una tierra que tampoco volverá a ser la misma. Ves a ese hombre en sueños, pero no puedes alcanzarlo. Te tensas esperando explosiones y disparos que no llegan y escuchas a lo lejos los gritos de personas que ya no existen. Olvidaste lo que significa estar en paz; el infierno te sigue a dónde quiera que vas y no puedes hacer nada para huir de semejante tortura. La normalidad se ha convertido en un mito desde que la locura te pisa los talones.
¿Cómo no cambiar drásticamente cuando tienes el peso de mil muertos sobre tus hombros? ¿Qué hacer cuando los crímenes cometidos se agrupan en una lista que no tiene fin? ¿Cómo hacer justicia cuando el mal es tan grande y los involucrados son tantos? Ahora sabes que la maldad nunca descansa y que el mundo y sus intentos de hacer justicia hacen todo lo posible por aparentar que se pueden contener todas esas desgracias que siempre terminan alcanzándonos.
Todos aún celebran que has regresado, pero no saben que estás más perdido que nunca y que esta vez no hay quién te traiga de regreso. Eres otro esclavo de la guerra.
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