Odio el silencio, me recuerda que no estás aquí para hablar conmigo, que no puedo escuchar de cerca tu respiración o los latidos de tu corazón.
Resulta que nada es justo desde que te conozco, todas tus promesas parecen estar a años luz de cumplirse y las palabras que rozan tus labios al salir suenan tan frágiles que desaparecen junto con los susurros del viento.
No me gusta extrañarte, no sabes cuanto lo detesto. Prefiero contemplar tu rostro, admirar tus gestos y escuchar tus palabras con cautela para guardarlas en mi memoria y recordar constantemente las razones por las cuales quiero pasar cada segundo de mi tiempo a tu lado.
No quiero que seas un recuerdo o un sueño más sin sentido, quiero que formes parte de mi realidad y seas la razón por la cual despierto con una sonrisa todos los días justo antes de abrir mis ojos.
La distancia intensifica mis deseos de estar a tu lado, pero a la vez hace que todo luzca tan lejano e imposible. Destesto estar así, sufrir por tí se está convirtiendo en una costumbre, una muy mala costumbre. Suena estúpido, pero para mi eres más que un complemento, eres el motivo de miles de suspiros y pensamientos que flotan en mi mente cuando mis ojos quieren cerrarse para intentar olvidarte en vano por una noche más.
La distancia intensifica mis deseos de estar a tu lado, pero a la vez hace que todo luzca tan lejano e imposible. Destesto estar así, sufrir por tí se está convirtiendo en una costumbre, una muy mala costumbre. Suena estúpido, pero para mi eres más que un complemento, eres el motivo de miles de suspiros y pensamientos que flotan en mi mente cuando mis ojos quieren cerrarse para intentar olvidarte en vano por una noche más.
Saber de tí no es suficiente, tu presencia es mi necesidad y el silencio de tu ausencia una interminable tortura que parece no tener final.
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