─¿Existe la vida después de esta dictadura? ─preguntó el hombre mientras se levantaba de la acera con dificultad. Al toser, llenó su mano de sangre; lo habían robado y golpeado por resistirse... otra vez.
─Te sorprendería escuchar que muchos me han preguntado lo mismo, y a unos cuantos he tenido que decirles que no ─respondió la muerte antes de desaparecer en la oscuridad del callejón. Todo había sido una falsa alarma.
Unos meses más tarde, el crudo silencio que reinaba en las calles de la ciudad fue interrumpido por dos disparos y el sonido que deja en evidencia a aquellos que corren para huir de las consecuencias de sus actos. Entonces, el hombre y la muerte se encontraron de nuevo, pero esta vez no conversaron, sólo se fueron juntos hasta perderse en la noche.

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