domingo, 17 de abril de 2016

Trofeo

  Él dijo que yo parecía un pequeño ciervo asustadizo.

  También dijo que le daba miedo espantarme al intentar tocarme.

  Creí ver buenas intenciones en sus ojos.

  Con el tiempo, dejé que se acercara.

  Cuando estuvo lo suficientemente cerca, sonrió con malicia. 

  Qué tonta. 

  Si pudiera, seguramente exhibiría en algún salón de su casa lo que quedó de mí, como si se tratara de un monstruoso trofeo.

  Mi destrucción fue su victoria.

viernes, 15 de abril de 2016

¿Falsa alarma?

  ─¿Existe la vida después de esta dictadura? ─preguntó el hombre mientras se levantaba de la acera con dificultad. Al toser, llenó su mano de sangre; lo habían robado y golpeado por resistirse... otra vez.

  ─Te sorprendería escuchar que muchos me han preguntado lo mismo, y a unos cuantos he tenido que decirles que no ─respondió la muerte antes de desaparecer en la oscuridad del callejón. Todo había sido una falsa alarma.

  Unos meses más tarde, el crudo silencio que reinaba en las calles de la ciudad fue interrumpido por dos disparos y el sonido que deja en evidencia a aquellos que corren para huir de las consecuencias de sus actos. Entonces, el hombre y la muerte se encontraron de nuevo, pero esta vez no conversaron, sólo se fueron juntos hasta perderse en la noche.

sábado, 2 de abril de 2016

El monstruo

  El pequeño nunca escuchó hablar sobre El Coco o los monstruos que se ocultan dentro de los armarios y debajo de las camas. En realidad, no tenía quién le contara esa clase de historias. El único monstruo al que había aprendido a temerle se llamaba hambre, y por eso rezaba todas las noches al irse a dormir, como le había enseñado su madre alguna vez, para que aquel monstruo que merodeaba por las calles no se lo llevara de este mundo como lo había hecho con todos los demás.