domingo, 13 de septiembre de 2015

Reflejo

  Estaba cansada de devolverle la mirada a aquella figura tan familiar y deprimente que se encontraba atrapada en el espejo. Contemplar los ojos de aquel rostro pálido, que reflejaban resignación y melancolía, me enfermaba de una forma que apenas podía soportar. Pero ya no estaba dispuesta a tolerarlo. De repente, toda mi frustración comenzó a fluir por mi cuerpo, que se mantenía inmóvil frente a aquella figura de aire fantasmal. La miré con rabia mientras mis manos comenzaban a cerrarse formando un puño a cada lado de mi cuerpo; aunque temblaban, los sentía ligeros, casi como si no me pertenecieran. Mi mente empezó a nublarse, aunque había una idea en mi cabeza que, al no desaparecer, me llevó a estar segura de algo: no quería ser ella, no más.

  Todo pasó muy rápido. De un momento a otro contemplé cómo uno de los puños recién formados impactaba contra el espejo con una fuerza desconocida que me dejó sin aliento. Hubo un estallido, pero no tardó en ser reemplazado por un denso silencio. Sentí vagamente como la sangre comenzaba a deslizarse delicadamente por mis nudillos hasta pintar la cerámica blanca con sus gotas oscuras. Habían trozos de cristal rodeando mis pies descalzos, la figura se había fragmentado hasta desaparecer de mi vista y mi mano derecha seguía tiñendo ligeramente el suelo de rojo. Veía la escena, sí, pero en realidad no estaba allí; me encontraba flotando en alguna parte de mi mente intentando asimilar todo con lentitud, como si se tratara de algo lejano y surrealista. Sin embargo, no me costó mucho entender que, en el fondo de mi ser, sólo quería que mi reflejo estuviera tan roto como mi interior.